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El robo masivo cuántico ya empezó y nadie ha roto una sola cerradura

Cuenta regresiva del Q-Day

Hay un tipo de robo que no deja huella porque todavía no ha terminado. Alguien intercepta hoy el tráfico cifrado de un banco, lo guarda en discos que cuestan centavos por gigabyte y espera. No fuerza nada. Le basta con paciencia y con un computador que todavía no existe, pero cuyo plano ya está publicado. El sector lo llama harvest now, decrypt later: robar ahora, descifrar después. Y es la razón por la que el Q-Day, el día en que un computador cuántico rompa RSA y las curvas elípticas, dejó de ser una fecha del futuro. Es un plazo que ya corre en contra de cada dato que deba seguir siendo confidencial dentro de diez años. Un crédito hipotecario, una historia clínica, un contrato de Estado, la llave privada con la que su entidad firma ante el riel de pagos.

En Cyte no descubrimos esto ahora. Fuimos pioneros en Colombia en tomar en serio el robo diferido cuando todavía sonaba a ciencia ficción: llevamos varios años explicando harvest now, decrypt later en artículos, en aulas de maestría y ante reguladores, y varios años desplegando criptografía post-cuántica en producción, en entidades financieras y de Gobierno, incluso en entornos COBOL, AS/400 y OT donde nadie más quiso entrar. Nuestra criptografía protege el 95% de las transferencias interbancarias del país, y por eso patrocinamos el Observatorio Quantum Safe de la Universidad de los Andes: cuando uno lleva treinta años custodiando las llaves de la banca, medir cuántas siguen expuestas deja de ser curiosidad académica. Lo que sigue son los datos que respaldan esa urgencia.

El plano se acorta cada año

En 2019 la estimación de referencia decía que factorizar una llave RSA de 2048 bits exigía unos 20 millones de qubits físicos. Era un número tranquilizador. En mayo de 2025, Craig Gidney, de Google Quantum AI, publicó que bastan menos de un millón, y que el ataque tomaría menos de una semana. En febrero de 2026, Iceberg Quantum propuso una arquitectura que baja el requisito por debajo de 100.000 qubits y, en ciertos diseños, a cerca de 22.000. En marzo de 2026, un grupo de Caltech y Oratomic estimó que unos 26.000 qubits de átomos neutros romperían ECC-256 en diez días, y unos 102.000 romperían RSA-2048 en tres meses.

Todas esas cifras son teóricas, parten de supuestos discutibles y ninguna máquina actual se les acerca. Lo que importa es la pendiente: en siete años el costo del ataque cayó más de dos órdenes de magnitud mientras el hardware avanzó en la dirección contraria. Por eso los pronósticos serios hoy se concentran entre 2029 y 2032, con 2030 como mediana, y por eso Google fijó 2029 como el año en que abandonará RSA y curvas elípticas en sus propios sistemas. Nadie tiene la fecha exacta del Q-Day. Lo que ya no tiene nadie es la excusa de que falta mucho.

Las fechas ya no las pone la física, las ponen los reguladores

Desde agosto de 2024 existen estándares oficiales de criptografía post-cuántica (PQC): FIPS 203, 204 y 205 del NIST, con los algoritmos ML-KEM, ML-DSA y SLH-DSA. Con ellos vino el calendario de retiro. El NIST IR 8547 declara a RSA-2048 y a ECDSA P-256 deprecados después de 2030 y prohibidos después de 2035. La NSA, en su marco CNSA 2.0, exige que todo sistema nuevo de seguridad nacional sea quantum-safe desde enero de 2027, que la firma de software y firmware use exclusivamente PQC en 2030 y que navegadores, servidores y nube lo hagan en 2033. Francia deja de certificar productos sin PQC en 2027. La Unión Europea exige los casos de alto riesgo migrados en 2030. El G7 pidió a la banca una hoja de ruta desde 2026. China puso la computación cuántica como prioridad de su plan quinquenal 2026 a 2030.

Colombia no está por fuera de esa conversación. En 2026 se conformó la primera Mesa Sectorial de Criptografía Poscuántica, con Gobierno, academia, sector financiero e infraestructura crítica. El Observatorio Quantum Safe de la Universidad de los Andes, del que Cyte es patrocinador tecnológico, mide en vivo cuántos servidores siguen expuestos: el 57,2% de los analizados ya son vulnerables. Y Bre-B, el sistema de pagos inmediatos del país, opera con la arquitectura correcta de todos los rieles del mundo: certificados X.509, mensajes ISO 20022 firmados, liquidación en segundos sin revisión humana. Esa firma, hoy, es RSA o curva elíptica. Cuando la Superintendencia Financiera traslade a una circular lo que ya está en los estándares internacionales, cumplir será una carrera contra el reloj, y la circular llegará antes de lo que el negocio cree.

Lo que se rompe cuando se rompe la firma

Conviene ser preciso sobre qué se pierde, porque el daño no es un incidente. Es la pérdida de la base sobre la que se construyó la confianza digital.

Se pierde la confidencialidad hacia atrás: todo lo que se capturó cifrado con intercambio de llaves clásico se vuelve legible, incluidos años de tráfico que nadie sabe quién guardó. Se pierde la integridad hacia adelante: quien pueda falsificar una firma puede emitir una transferencia válida, publicar una actualización de software firmada, suplantar una identidad ante cualquier PKI. En un riel de pagos inmediatos, la firma del mensaje es el único control entre una orden legítima y una falsa. Y se pierde la interoperabilidad: cuando un corresponsal en Nueva York o Fráncfort exija canales PQC en 2029, la entidad que no los tenga pierde el corredor. Los auditores y las aseguradoras cibernéticas preguntarán lo mismo antes.

Esto le pasa a una industria que ya sabe cuánto cuesta cambiar un algoritmo. Retirar SHA-1 tomó más de diez años entre la primera advertencia y el momento en que los navegadores dejaron de confiar en él. TLS 1.0 sigue apareciendo en producción en 2026, en portales VPN con llaves RSA de 1024 bits y certificados autofirmados. Y esas eran migraciones acotadas. RSA y las curvas elípticas están en todas partes: TLS, VPN, SSH, firma de código, HSM, tokens, cajeros, core bancario, proveedores. Una migración PQC realista toma entre 24 y 36 meses en una entidad mediana, más en un banco. Con el retiro en 2030, la ventana para empezar es esta, no la próxima.

No se migra lo que no se ve

El primer paso no es instalar PQC. Es saber dónde está la criptografía vulnerable. Casi ninguna organización tiene ese inventario: administra certificados en hojas de cálculo, no sabe qué librerías criptográficas compiló en su código y descubre un algoritmo débil cuando un auditor lo encuentra o cuando un certificado vencido tumba un servicio.

Por eso la pieza central de cualquier plan es el CBOM, el Cryptography Bill of Materials: el inventario estructurado y legible por máquina de algoritmos, tamaños de llave, certificados, protocolos, librerías y dependencias, con la criticidad del sistema y la vida útil del dato que protege. El CBOM es la radiografía previa al salto cuántico. Sin él no hay forma seria de priorizar. Con él se puede ordenar la migración por olas: primero lo que expone datos de larga vida hacia afuera, después lo interno, y en paralelo la criptoagilidad, que es la capacidad de cambiar algoritmos y parámetros sin tumbar la operación, con esquemas híbridos clásicos más PQC mientras dure la transición. El CBOM no es un Excel anual. Es vivo, automatizado e integrado a la gestión de activos, riesgos y cambios, y responde en minutos la pregunta que ningún banco quiere hacerse en medio de un incidente: si cae este algoritmo, ¿dónde lo estoy usando?

Quantum Mission: media mañana para armar el plan

Todo lo anterior es la razón por la que EY y Cyte convocan a Quantum Mission, un encuentro para directivos de tecnología, seguridad, riesgo y cumplimiento del sector financiero. La premisa es la de un robo masivo planeado con años de anticipación: si los adversarios ya tienen un plan para su criptografía, su organización necesita uno mejor, y necesita tenerlo antes.

El formato es de trabajo, con cuatro sesiones cortas y dos ejercicios prácticos. Se abre con el estado real del Q-Day y del robo diferido, con los datos de este artículo sobre la mesa. Sigue el lado oscuro de la computación cuántica desde la perspectiva de ciberdelincuencia y ciberguerra: qué mecanismos de cifrado caen y qué controles tecnológicos y organizacionales quedan en pie. Después, de NIST PQC a criptoagilidad: qué dicen los estándares, qué significa la transición híbrida y cómo cambiar la criptografía sin romper el negocio, a cargo de Damián Salcedo, ingeniero de Cyte con doce años desarrollando software criptográfico. Y se cierra con el CBOM: cómo se ve un inventario criptográfico real, leído sobre un informe tipo Notyfind de una entidad de banca digital, con sus activos críticos, su índice de riesgo cuántico y su orden de migración.

Los dos ejercicios son la parte que cada asistente se lleva. En el primero, cada organización identifica sus zonas de riesgo: aplicaciones de negocio, APIs, certificados, sistemas heredados, proveedores, bases de datos, nube, autenticación, canales, dispositivos, llaves y HSM, marcando dónde hay criptografía y cuál es crítica para la operación. En el segundo, construye su hoja de ruta cuántica en tres olas: de cero a doce meses, de doce a veinticuatro y de veinticuatro en adelante, con acciones concretas y responsables. El encuentro termina con un conversatorio de compromisos por organización y con la invitación a los Q-Day Labs, laboratorios pequeños para validar en ambientes no productivos lo que cada entidad decidió en la mesa.

Quantum Mission tiene cupo limitado. Si su entidad todavía no tiene un CBOM ni una hoja de ruta con fechas, esa media mañana vale más que el siguiente trimestre de reuniones internas. Y si ya la tiene, es la oportunidad de contrastarla con la de sus pares y con la de quienes llevan treinta años cifrando las transferencias interbancarias del país y varios más desplegando criptografía post-cuántica en producción.

El robo masivo ya empezó. Lo único que su organización todavía puede decidir es si, el día que abran la caja fuerte, lo que encuentren adentro sigue siendo legible.

¿Quiere saber qué tan expuesta está hoy su entidad? Calcúlelo en cinco minutos y reciba un cronograma de preparación según su nivel de riesgo.

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