La firma que hoy te obliga, mañana podría no probar nada. El desafío de la firma digital frente a la criptografía post-cuántica
- Pablo Peñaranda
- hace 14 horas
- 5 min de lectura

Imagine un contrato firmado digitalmente esta semana. Todo en regla: certificado vigente, sello de tiempo, la contraparte identificada sin lugar a dudas. En 2026 ese documento lo obliga. La pregunta incómoda es otra: ¿lo seguirá obligando en 2035? ¿Y si para entonces cualquiera con acceso a un computador cuántico puede fabricar una firma idéntica a la suya sobre un texto que usted nunca aprobó?
Casi toda la conversación sobre la amenaza cuántica gira alrededor del cifrado de proteger secretos.
En este mismo blog hemos trazado el mapa del riesgo y el reloj que corre detrás (Radiografía del riesgo cuántico en Colombia: https://www.cyte.co/post/radiografia-riesgo-cuantico; Un radar para el Q-Day: https://www.cyte.co/post/q-day-seguridad-de-la-informacion )
Es una conversación necesaria, pero deja por fuera el frente que a las empresas colombianas les va a doler primero: la firma digital. Y le va a doler no por lo que revela, sino por lo que deja de probar.
La firma digital es, en el fondo, una promesa legal
En Colombia la firma digital no es una cortesía tecnológica. La Ley 527 de 1999 le dio a los mensajes de datos la misma validez que a un documento en papel, y el Decreto 2364 de 2012 reglamentó la firma electrónica sobre esa base. De ahí cuelga buena parte de la operación diaria: facturas electrónicas que la DIAN exige firmar y conservar íntegras desde su expedición, contratos, actas, historias laborales.
Esa validez se sostiene sobre tres atributos: autenticidad (quién firmó), integridad (que nada se alteró) y no-repudio (que el firmante no pueda decir después "yo no fui"). Lo que casi nunca se dice en voz alta es que los tres son, en última instancia, una afirmación matemática. El no-repudio no descansa en un principio jurídico abstracto, sino en un hecho técnico: que nadie más que el titular pudo haber producido esa firma. El día que ese hecho deje de ser cierto, el atributo se queda sin sustento y con él, la confianza en que un documento firmado obliga a quien lo firmó.
El pilar que se cae primero es el no-repudio
De los tres atributos, la amenaza cuántica golpea a uno antes que a los demás. No la confidencialidad. No la integridad. El no re-pudio. Conviene separar dos problemas que la gente mezcla.
El cifrado sufre del clásico harvest now, decrypt later: capturar tráfico cifrado hoy para descifrarlo mañana —una estrategia que ya detallé en "La Criptografía como Superficie de Ataque"(https://www.cyte.co/post/criptografia-algoritmo-como-superficie-de-ataque). Malo, sí, pero es un problema de confidencialidad: el daño llega el día que se rompe la llave.
La firma tiene un problema distinto y, para muchos negocios, peor. Las firmas de RSA y de curva elíptica (ECDSA, la que hay debajo de casi todo certificado en Colombia) descansan sobre problemas matemáticos que el algoritmo de Shor resuelve en un computador cuántico suficientemente grande. Romper esos problemas no solo permite leer: permite firmar. Con la llave privada reconstruida, un atacante genera firmas indistinguibles de las legítimas. Y como el no-repudio se apoya en que eso era imposible, deja de haber forma técnica de sostener que un documento firmado lo firmó su titular. El algoritmo, de garantía, pasa a ser superficie de ataque.

No es un riesgo hacia adelante nada más. Es retroactivo. Todo lo que usted firmó y archivó queda, el día del Q-Day, tan cuestionable como lo que se firme después.
Una firma no protege un instante, protege años
Un canal TLS cifra una sesión que dura segundos; cuando termina, el valor de esa llave se desploma. Un documento firmado, en cambio, tiene que seguir siendo demostrable durante toda su vida útil. Y esa vida es larga: los papeles del comercio se conservan durante años, un contrato de largo plazo puede tener que probarse mucho después de vencido, y una obligación laboral se discute décadas más tarde. La validez no se necesita el día que se firma. Se necesita el día que alguien la impugna, que suele ser el peor momento posible.
Ese desfase entre cuándo firmo y cuándo tengo que probarlo es exactamente la ventana que la amenaza cuántica ataca. Y no se cierra migrando el cifrado.
Migrar la firma no es cambiar una librería
Tres frentes prácticos:
Primero, saber dónde firma. La mayoría de las organizaciones no tiene un inventario claro de dónde usa ECDSA o RSA: cuántos certificados, en qué integraciones, con qué vencimientos. No se puede migrar lo que no se sabe que existe.
Segundo, adoptar esquemas híbridos y sellado de tiempo. Firmar con un algoritmo clásico y uno post-cuántico a la vez asegura que la firma siga en pie aunque uno de los dos caiga. Y para lo ya archivado, re-sellarlo con un timestamp post-cuántico deja constancia de que existía y era válido antes de que el algoritmo viejo quedara comprometido.
ML-DSA y SLH-DSA: no hay una sola firma post-cuántica.

La buena noticia es que el estándar ya está. En 2024 el NIST publicó los primeros esquemas de firma post-cuántica, y no eligió uno solo por una razón que vale la pena entender.
ML-DSA (FIPS 204), basado en el esquema Dilithium, trabaja sobre retículos (lattices). Es rápido y sus firmas tienen un tamaño manejable, así que es el candidato natural para el volumen del día a día: facturación, autenticación, operación en línea.
SLH-DSA (FIPS 205), el antiguo SPHINCS+, se construye únicamente sobre funciones hash. Sus firmas son grandes y es más lento, pero su seguridad se apoya en un supuesto muy conservador y muy estudiado. Para lo que tiene que seguir siendo creíble dentro de treinta años un archivo notarial, un contrato de infraestructura, esa robustez de fondo pesa más que unos kilobytes de más.
La lección no es "escoja uno". Es que las firmas de largo plazo y las de alto volumen tienen necesidades distintas, y por primera vez hay herramientas hechas a la medida de cada una.
Tercero, tratar los certificados y las llaves como un activo que se administra, no como algo que se emite y se olvida. La capacidad de rotar algoritmos, reemitir certificados y responder sin frenar la operación cripto-agilidad, en corto es lo que separa una migración ordenada de una carrera contra el reloj. (https://www.cyte.co/post/el-camino-hacia-la-resiliencia-poscuantica-y-la-criptoagilidad).
En Cyte lo abordamos por ahí: Notyfind descubre automáticamente los certificados repartidos por la organización, vigila sus vencimientos y automatiza su renovación y reemisión, para que cuando toque cambiar de algoritmo no haya que salir a buscar, uno por uno, dónde estaba cada firma.
Dos migraciones, dos cosas distintas en juego
Migrar el cifrado protege lo que usted quiere mantener en secreto. Migrar la firma protege algo más difícil de recuperar: su palabra, y el valor legal de todo lo que ya firmó. El primer problema se nota el día que roban los datos. El segundo se nota el día que alguien, con toda la razón técnica del mundo, dice "esa firma no prueba nada".
El cifrado que hoy abandona le costará un secreto. La firma que hoy abandona le costará la prueba de su palabra. Mejor no darle a nadie ese día.





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